domingo, 2 de enero de 2011

Alas.

Rodeabas mi cintura con tus brazos, los míos estaban caídos pero entonces lentamente los alcé. Fui a imitarte, a rodear tu cintura con mis brazos, pero estos se encontraron con algo; tus alas. No quería tocarlas, parecía que al hacerlo iban a desplomarse.
- No tengas miedo, no se caerán -sonreíste.
Eran tan suaves, tan delicadas, tan bellas y hermosas...
- Lo sabía, sabía que eras un ángel. Desde el principio. Como tantas veces había soñado.
- Pero esta vez es real.
Me apoyé sobre tu hombro sin dejar de acariciarlas y entonces te esfumaste como el viento, desapareciste como si solo fuéses el aire que me rodea. Donde estabas ya no había nadie, nada, solo estaba yo, sola. Me desvanecí sobre la hierba aún mojada que ahora, se juntaba con mis lágrimas.
- Te quiero -dejé ir en un susurro.


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